viernes, 28 de agosto de 2009

ETAPA DE LOS 3 -

CAPÍTULO I

DESARROLLO EMOCIONAL, PSICOLÓGICO Y SOCIAL

En este capítulo se estará haciendo mención al desarrollo emocional, psicológico y social durante los 3 a los 6 años y mencionando algunos de los cambios que presentan los niños en este periodo tanto físicos como emocionales durante este periodo de gran importancia que formara al niño.

1.1. 3 AÑOS

Es en la edad de los disfraces, se puede cambiar de de ropa tres o cuatro veces durante el día con gran disgusto de mama, ya sabe trepar en los cajones y localizar su playera favorita y la quiere utilizar a diario, puede tener zapatos o pantalones con figuras de algún personaje de la tele el cual le puede gustar demasiado y querer dormirse con el puesto.

Le encanta jugar con lodo y brincar en la cama y puede hacer música con cualquier cosa, pinta y dibuja. Ya se le ocurren más cosas como al encontrar un barniz de mamá intenta pintarse las uñas y de no poder puede intentar con un plumón.

Comienza su vida social en el jardín de niños y se empieza a darse cuenta de cuando actúa mal. Ahora es un poco mas observador y al poner atención en el se nota que esta mas atento a lo que hacen y dicen los adultos y sobre todo a los niños mayores, a los cuales quiere imitar en todo e incluso repite sus palabras.

Comienza a medir su terreno, comienza a tenerle miedo a un perro, a las batas blancas de los médicos o a echarse de “panza” por la resbaladilla.

Le encanta que se le lean cuentos y los entiende mejor si tratan de cosas muy parecidas a las que el niño vive y los personajes son parecidos a las personas que le rodean.

El niño prefiere a mamá que a papá y espera que sea correspondido, mientras que las niñas esta en su preferencia al revés que el niño prefieren al papá.

A los 3 años dominan todas las técnicas para entablar una amistad.

1.1.1. La etapa fálica

La etapa fálica tiene lugar entre los tres y los cinco-seis años de edad. Los órganos genitales se vuelven una fuente destacada de placer durante este período. La curiosidad respecto al cuerpo puede comenzar mucho antes; el niño encuentra con asombro sus manos y sus pies, incluso puede descubrir los órganos genitales pero no se convierten en inquietudes sólo hasta la etapa fálica, cuando se hacen mucho más intensas las tensiones y placeres de esa zona del cuerpo. El niño comienza en ese momento a darse cuenta y a comentar las diferencias entre los hombres y las mujeres, su inquietud incrementa de manera significativa si se notan las diferencias anatómicas. Dicha curiosidad es bastante difusa debido a que el niño no conoce todavía a menos que ya las haya observado, las diferencias reales de los órganos genitales masculinos y femeninos.

En la etapa se presentan dos grandes situaciones psicológicas: el complejo de Edipo y el complejo de Electra.

El complejo de Edipo.

Este se acompaña con el temor de la castración, es tomado del mito griego Edipo Rey, quien si saberlo mató a su padre y se casó con su madre, el complejo se refiere a la atracción sexual que el niño tiende a sentir por su madre durante la etapa fálica. Al mismo tiempo ve a su padre como un rival en el afecto de su madre. Existen actitudes mezcladas o ambivalentes hacia el padre, quien por un lado es temido porque puede remover el órgano ofensor y por otro lado es respetado y venerado como modelo de hombría, superior al niño. Si el desarrollo es normal, el niño renuncia a los deseos amorosos respecto a la madre y en cambio se esfuerza por asumir el papel masculino de su padre. Entonces el afecto del hijo hacia la madre pierde su aspecto sexual, al aceptar la masculinidad el superego del niño experimenta su desarrollo final y adopta una ideal del ego positivo. Si ocurre lo contrario el niño puede rechazar el papel masculino o se atrofie su conciencia o puede que sobre valore su habilidad sexual y se vuelva arrogante y egoísta en sus relaciones con mujeres.

El complejo de Electra:

Durante este período la niña experimenta un proceso semejante al del niño pero con algunas diferencias significativas. Freud creía que la niña pequeña toma a su padre como objeto sexual y ve a su madre como una rival. Debe recordarse que los intereses y sentimientos sexuales de la niña son mas rudimentarios, el rasgo patológico principal que surge en esta etapa es "la perdida del pene", minimizando el papel femenino y sobrevalorando el masculino. Freud creía que los conflictos de la etapa fálica provocaban muchos trastornos en las funciones sexuales femeninas, tales como la frigidez y la dismenorrea. Como sucede con el niño el manejo del adiestramiento durante este período puede provocar tendencias patológicas en la personalidad de la niña en desarrollo.

Si el desarrollo durante este período es normal, es decir hay un equilibrio apropiado entre satisfacción y control, sin que exista mucha frustración ni demasiada indulgencia. En sus relaciones con los demás, una persona no será ni demasiado altanera ni indebidamente modesta es decir alcanzará un equilibrio.

1.1.2. Ayudar al niño a pedir perdón

¡Qué difícil es pedir perdón! Los niños son tan auténticos que difícilmente podremos obligarles a decir o hacer algo que no sientan de verdad. Pero los pequeños deben responsabilizarse y asumir lo que han hecho mal.

Pedir perdón significa que nos hacemos cargo de que lo que hicimos no estuvo bien y que estamos dispuestos a asumir las consecuencias y reparar el mal.

Algunas de las fórmulas para que pedir disculpas sea más fácil en los niños son las siguientes:

Lo mejor es estar muy atentos y echarles una mano:

· «Piropearles» siempre que su comportamiento sea como esperábamos.

· Identificar lo que han hecho mal y explicárselo claramente. Si se les ayuda a identificar y concretar los comportamientos que merecen una disculpa, entenderán más fácilmente lo sucedido.

· Se les debe ayudar a comprender el malestar propio y ajeno. Debes estar atentos a sus reacciones y animarles a poner palabras a sus sentimientos y a los de los demás.

· Sugerirles formas de disculpa. Muchas veces los niños se quedan «bloqueados» si lo único que les decimos es «pide perdón», sin más. Ofrecerle alternativas. Por ejemplo, « ¿por qué no te acercas a tu amiga y le regalas una flor?» o «puedes dar un besito a la tía Pilar o, si lo prefieres, dile que sientes haberle tirado del pelo».

· Se les debe ayudar a distinguir errores de actos deliberados. Dejar claro que a veces nos equivocamos y lo sentimos. Otras veces, el niño hace cosas que sabe que están mal porque está enfadado, furioso o porque le apetece tanto hacerlas que no puede controlarse.

· Deben ponérsele límites con cordura. Antes de perder la calma, señalar la falta que ha cometido y sugerir una acción reparadora. Con tres o cuatro años no hay niño «malo», sino malas acciones.

· Enseñarles que todo lo que hacen tiene sus consecuencias es algo que se debe hacer. Su conducta puede ser muy negativa, además de enseñarles ha pedir disculpas, quizá haya que hacer un dibujo y regalarlo o, incluso, dar un juguete propio.

· No se les debe insistir en que digan perdón a toda costa. Lo más importante es que entiendan que algo está mal y que se arrepientan, que decir palabras sin sentirlas de verdad.

· Compartir disculpas. Asumir, por lo menos al principio, algunas responsabilidades a medias.

· “Predicar con el ejemplo”. Algunas preguntas que los padres se deben hacer: ¿Cuántas veces nos ha visto u oído nuestro hijo pedir perdón en los últimos meses? ¿Ninguna? ¿Lo hacemos valientemente o en privado y de mala gana? Nuestro ejemplo es el primer paso para que vea las disculpas como algo natural y no como una humillación. Unos padres que se equivocan y asumen sus errores, que piden perdón y que saben perdonar sin rencores, están enseñando la mejor forma de pedir disculpas: de corazón.

1.1.3. Enseñar a perder

Algunos niños no saben perder cuando juegan: se enfadan, insultan, patalean, dicen que los demás hacen trampas, se retiran del juego... Si no se les corrige estas actitudes desde el principio, pueden convertirse en un escollo en el desarrollo social de los niños.

· Pasados los primeros años, seguir considerándose el centro del mundo y querer ser siempre el primero y el mejor es un signo de inmadurez. A los tres o cuatro años, los niños están todavía en esa etapa, por lo que tampoco se debe ser muy estrictos, pero se les puede ir enseñándoles poco a poco a aceptar las derrotas.

· Un niño puede no saber perder por estar sobreprotegido y acostumbrado a salirse siempre con la suya.

· Ganar unas veces y perder otras es el precio por disfrutar de una actividad compartida, pero el niño que no sabe perder pondrá trabas a esa actividad y se ganará la antipatía de los otros.

Lo que pueden hacer los padres

· Es importante no alabar demasiado al ganador ni humillar o ridiculizar al perdedor. Hay que poner el acento en divertirse.

· Debe explicársele al niño las consecuencias de su mal perder: antipatía, rechazo y puesta en peligro de la amistad de los otros.

· Conviene animarle cuando aumente su deportividad, elogiándole por saber perder sin enfadarse.

· Es bueno hablar con el niño antes de que empiece el juego y prepararle para perder si llega el caso sin tener una rabieta.

· Cuando veamos con el pequeño algún espectáculo deportivo, por ejemplo en la tele, demos ejemplo desdramatizando, inculcándole que los rivales no son enemigos, que el juego limpio y el pasar el rato es más importante que el empeño en que gane nuestro equipo a toda costa.

1.1.4. Quiere una mascota, ¿está preparado?

3-4 años: Quiere una mascota, ¿está preparado?Nadie puede resistirse a la mirada tierna de un cachorro. Y los niños, mucho menos. Entre los tres y los cuatro años, los niños empiezan a tomar contacto con las mascotas de amigos o familiares y muchos de ellos quieren tener uno en casa.

No hay familia en la que, antes o después, no se escuche esta frase: "¡Quiero un perro!". Sin embargo, a esta edad los niños no comprenden que detrás de esos ojillos zalameros está la enorme responsabilidad de hacerse cargo de un ser vivo.

Aún no son capaces de entender que tener un animal en casa es mucho más que jugar con él, es una responsabilidad para muchos años. Todavía no entienden lo que implica asumir una obligación tanto tiempo. Pero aunque a esta edad aún no puedan hacerse cargo por completo de una mascota, sí pueden colaborar en su cuidado.

Un niño pequeño puede encargarse de ayudar con el animal, de acompañar en su paseo o de ponerle comida cuando se le indique, pero nunca puede ser el responsable de una mascota.

A estas edades pueden responsabilizarse de algunas cosas. Por ejemplo, de incluir la alimentación del gato dentro de su rutina de la noche: me baño, ceno, le pongo la comida a Fluffy, me lavo los dientes y me voy a la cama.

1.1.5. Desarrollo Socio afectivo (3 Años)

· Capta expresiones emocionales de los otros

· Le gusta jugar solo y con otros niños

· Puede ser dócil y rebelde

· Posee una conducta más sociable

· Aparece “la crisis de independencia"

· Afianza el yo

· Surge conflictos en su identificación con el adulto

· Asume las diferencias sexuales

· Juega al juego simbólico

1.2. 4 AÑOS

Es la edad del “despegue” esta descubriendo el mundo y se identifica con los superhéroes, juega que es Batman y hace diálogos en el juego con entonación para hacer notar que es fuerte y valiente.

Quiere saber sobre los planetas y los animales y le gustaría saber si un león es capas de ganarle a un oso o que pasaría si se agujerara el mar. Le encanta esconderse y vacilarse a los adultos a los que ya mide con palabras.

A los niños no les gustan las niñas por que son chillonas y no saben jugar futbol, que es lo más divertido. A las niñas tampoco les gustan los niños, y no los invitan a jugar cuando están reunidas con las muñecas.

Son muy curiosos, exploran todo y preguntan a las personas donde viven, si tienen mascota o abuelitos como el.

Dice lo que piensa aunque a veces dice cosas que ponen en aprietos a los papas. Ahora cree que las rimas y las canciones son para bebes y les muy importante que se le considere grande.

El miedo entra a su vida de manera importante, no solo por sus propios razonamientos sino por las conversaciones que escucha de los adultos y lo que ve en el televisor. Tiene una plena conciencia de su fragilidad lo que le aumenta sus temores.

Ya sabe lo que no les gusta a papa y mama por lo que a veces miente o esconde cosas que le traerán problemas. Le gusta hacer casa con los cojines de la sala o con cajas de cartón.

1.2.1. Desarrollo Socio afectivo

· Aparecen terrores irracionales

· Presenta más independencia y seguridad en sí mismo

· Pasa más tiempo con su grupo de juego

· El comportamiento emocional tiende a normalizarse

· El comportamiento tiende a ser menos explosivo y causal.

· Las emociones tienden a socializarse.

· Las emociones pierden violencia, ganando variedad y riqueza.

1.3. 5 AÑOS

El niño se cómbense de de que “las niñas son insoportables” y ellas piensan lo mismo de los niños.

Aun no tiene suficiente fuerza de voluntad, por lo que si le regalan un chocolate para que se lo coma después de la merienda seguramente se lo come antes. Se conduce por impulsos y por eso se dice que son un poco agresivos, pero solo es despierto, juguetón y despreocupado.

La imaginación y la fantasía están ahora en su máximo esplendor “ si se le cuentan historias fantásticas las enriquece y hasta puede inventar palabras nuevas”.

Cuando se pone nervioso se hace “el chistoso” y le gusta hacerlo especialmente cuando mamá tiene invitados hace todo lo que le tiene prohibido.

Le gusta hacer dibujos, pero luego que pierde el interés en su obra. Le gusta ayudar a limpiar el polvo pero no le importa si las cosas quedan limpias solo lo hace por jugar.

El juego es su ocupación primordial, atreves de el aprende cosas, sigue reglas y en ocasiones hasta se puede controlar por que no le gusta perder.

1.3.1 Los deberes no deben ser un suplicio

Su autoestima

· Ante los primeros fallos, o las primeras malas notas, se desmotivan pensando que fracasan repetidamente.

· Necesita que se le inculque que el error forma parte del proceso de aprendizaje, y que deben sacar partido a sus fallos y hacerlo mejor la próxima vez. Se le debe depositar en ellos expectativas de éxito.

Transmitir entusiasmo

· Es importante que vivan todo lo académico como algo positivo que les va a colmar de cosas buenas.

· Les encanta que se les cuente con alegría historias de cuando mamá y papá eran estudiantes.

· Conviene que se impliquen los padres en sus tareas, deberes y estudios, pero no para hacérselos, sino para que vean que de verdad se interesan e ilusionan.

Planificar su tiempo

· Piensan que con los deberes se les va toda la tarde y no les queda ni un rato para jugar. Si les debe ayudar a organizarse bien, y verán que hay tiempo para todo.

· Les anima mucho anotar sus horarios semanales y ver que aparte de programarse su sesión de cuentas o de lectura, apuntan el cumple de su vecinito o la visita a los primos.

· Al motivársele ven que con una buena organización se puede hacer todo.

1.4. 6 AÑOS

La etapa de niño gracioso ha quedado atrás y hasta su aspecto físico.

Se parece a cuando tenía tres años y era muy observador, su mundo se extiende. Comienza a descubrir la lecto-escritura y le fascina intentar leer los anuncios de la calle y preguntar todo acerca de ellos.

Es más adaptable y la terquedad de cuando era chiquito ha disminuido. Le gustan los juegos colectivos, como “las traes” o el “lobo” también juega a la tiendita o la oficina e imita roles; pero le da vergüenza si un adulto lo observa.

Las estampas, los lápices o cualquier otra colección así como cualquier otra cosa que signifique probar nuevas posibilidades de su inteligencia, como la magia, las adivinanzas y los juegos de destreza manual.

Aunque ya es mucho más independiente que antes, es común que sienta celos cuando mamá les pone más atención a los hermanos o a los primos y desea que le vean sus proezas.

CAPÍTULO II

DESARROLLO NEUROLÓGICO. PSICOMOTRICIDAD Y DESARROLLO DEL LENGUAJE. (3-6 AÑOS)

En éste capítulo se hace mención al desarrollo neurológico y del lenguaje en niños de 3 a 6 años el cual será prácticamente la base en su vida.

2.1. DESARROLLO NEUROLÓGICO. PSICOMOTRICIDAD

Mejora sustancialmente el desarrollo senso-motriz discriminando con los sentidos: detalles, intensidad, matices...

· Orienta su movimiento para lograr algo concreto

· Al final de la etapa puede hacer todo lo que quiera según sus fuerzas

Desarrollo Neurológico. Psicomotricidad–3 años

· Construye torres 9-10 cubos

· Realiza la pinza correctamente

· Adquiere independencia segmentaria

· Salta con dos pies

· Logra el equilibrio al andar y correr

· Modula su forma de correr, “regates”

· Sube escaleras sin ayuda alternando los pies

· Pedalea en un triciclo

Desarrollo Neurológico. Psicomotricidad-4 años

· Aparece lateralidad de mano dominante

· Se abotona la ropa y se hace la lazada en los zapatos

· Recorta con tijera

· Adquiere el equilibrio estático

· Mantiene el equilibrio en un solo pie varios segundos.

· Sabe brincar a la "pata coja“.

· Lanza una pelota, echando el brazo hacia atrás y tirándola con fuerza

Desarrollo Neurológico. Psicomotricidad-5 años

· Distingue su lateralidad sin espejo

· Puede dibujar la figura de una persona

· Domina todos los tipos de acciones motrices: trepar, deslizarse, saltar...

· Conserva el equilibrio en superficie altas y estrechas, sobre las puntas de los pies

· Realiza ejercicios físicos y danza

· Usa el cepillo de dientes y el peine

Desarrollo Cognoscitivo

Mejora su pensamiento lógico: conversación, seriación y clasificación.

Etapa mágica. Animismo

· Realismo infantil

· Egocentrismo

· No separa su yo del otro

2.2. DESARROLLO DEL LENGUAJE.

El proceso de organización y estructuración mental del niño se ve facilitado, en gran medida, con la aparición del lenguaje, con lo que sus conductas resultan profundamente modificadas, tanto en el aspecto intelectual como afectivo. Además, el niño adquiere, gracias al lenguaje, la capacidad de reconstruir sus acciones pasadas en forma de relatos y de anticipar sus acciones futuras mediante la representación verbal (Piaget, 1954).

  • Pensamiento egocéntrico
  • Desarrollo perceptivo
  • No existe abstracción
  • Pasa de 1000 a 2500 palabras

Desarrollo del Lenguaje

  • Parece un adulto en su forma de hablar
  • Busca respuesta con deseo de saber
  • Hace preguntas sin parar
  • Le gusta los juegos de palabras
  • No le gusta repetir las cosas
  • Utiliza el pronombre personal
  • Pregunta por preguntar: ¿qué?, ¿quién?, ¿a quién?, ¿dónde?...
  • Habla consigo mismo / amigo imaginario

Lenguaje y Comunicación

  • Artículos "el" y "la“; "unos" y "los”
  • Pronombres personales "le", "la", "os", "me", "te", "nos" y "se"
  • Preposiciones: en, sobre, debajo, cerca de
  • Presente de indicativo "el bebé duerme“
  • Presente + Infinitivo "yo no quiero comer"
  • Auxiliares "ser" y "tener"
  • Producción de subordinadas relativas "mamá dice que debes venir"

Lenguaje y Comunicación

· Adverbios de tiempo: "hoy", "ayer", "mañana", "ahora", "en seguida"...

· Adverbios circunstanciales de causa y consecuencia: "el gana porque va deprisa", “el es bueno, por eso yo soy su amigo“...

INCREMENTO CUANTITATIVO DE PALABRAS EN EL DESARROLLO DEL LÉXICO DEL NIÑO SEGÚN SMITH (1926)

EDAD

No. de

palabras

Incremento

Año-Mes

0

-

0,8

1

1

0,10

3

2

1,0

Incremento Inicial

1,3

19

16

1,6

22

3

1,9

118

96

2,0

272

154

Incremento súbito

2,6

446

174

3,6

896

450

Incremento máximo

3,6

1222

326

4,0

1540

318

4,6

1870

330

5,0

2072

202

5,6

2289

217

6,0

2562

272

En este estudio realizado por Smith fue reiterado con ligeras variaciones por Nelson, k el año 1973, quien hizo el estudio en 18 niños de clase media. Estos niños tenían un vocabulario de 10 palabras a la edad de 1,3 y 50 a la edad de 1,8.

Los investigadores y especialistas del lenguaje sostienen que el habla o expresión verbal es una función especial y compleja, en la que participan, en forma estructurada y organizada, desde habilidades motoras automatizadas, hasta procesos cognoscitivos (conocimientos y experiencias) en progresivos y distintos niveles de abstracción.

Similarmente la adquisición del habla es un proceso de naturaleza quizás mucho más complejo, el cual está estrechamente relacionado con la maduración del sistema nervioso, con el desarrollo cognoscitivo y socioemocional. De allí que este proceso se considera como un aspecto del desarrollo integral del niño que viene a ser, en suma, consecuencia de la interrelación de múltiples factores procedentes, por un lado, del mismo niño (endógenos) y, por otro lado, del medio ambiente en el que vive (exógenos).

Sin embargo, los mecanismos que dinamizan internamente este proceso de adquisición son desconocidos todavía, intrigando a los especialistas, quienes tratan de conocer y penetrar cada vez más, con mayor interés y profundidad, en los intrincados y difíciles pero maravillosos laberintos del lenguaje y su implicancia en la función biológica y sociocultural.

Generalmente se acepta que a los tres años de edad un niño tiene ya configurado su lenguaje de acuerdo con las regulaciones gramaticales que caracterizan al lenguaje de los adultos. También es un hecho de conocimiento corriente que las niñas suelen ser algo más precoces que los varones en la adquisición de esta cualidad.

Pero, aunque no es prudente ceñirnos a pautas cro- nológicas estrictas, lo cierto es que en algunos casos la adquisición del lenguaje se tarda más allá de lo esperado. Los padres pueden preocuparse porque alrededor de los dos años y medio a tres el niño aún "no habla" y sólo se maneja con monosílabos o palabras aisladas y/o con gesticulaciones que son adecuadas únicamente para la comunicación en familia.

En este tipo de casos se advierte que la comprensión del lenguaje es suficiente, los padres a menudo también señalan que el niño "entiende todo". Obviamente esto indica que no hay deficiencia auditiva y, como tal, puede tipificarse como un "retraso simple del lenguaje" y que más allá de los tres años el niño tendrá un lenguaje normal, sin secuelas o sólo con las escasas dislalias que no constituyen un defecto real del habla infantil.

Este tipo de retraso simple y "benigno" suele ser superado por la mayoría de los niños a la edad de los 5 ó 6 años. Sin embargo, semejante afirmación exige una minuciosa exploración del habla infantil, ya que en algunos puede persistir el defecto, debido a que son reforzados por la familia y, en otros, debido a que encierran un hecho patológico, interfiriendo la superación y el desarrollo normal del habla.

En este apartado abordaremos las etapas por las que todo niño "normal" pasa en camino a hablar y formar oraciones o grupos de palabras. Pero, previamente, cabe hacer la siguiente aclaración.

El término "normal" simplemente significa lo que la mayoría de los niños hacen dentro de un tiempo "esperado" o "deseado", consideración que está basada en criterios consensuales y/o estadísticos. Sin embargo, cabe señalar que ningún niño es un dato estadístico ni un término promedio, pues cada uno es enfáticamente un individuo.

Por eso, entre todos los niños que hablan normalmente y que, por lo general, se les supedita a este patrón de consideración estándar, la edad específica en que comiencen a hablar puede variar. En esto intervienen las particularidades individuales dependientes del estado y función del aspecto anatómico y sistema nervioso, del aspecto psicológico, de las condiciones de educación y de las características del lenguaje de las personas que rodean al niño.

Así, algunos niños empiezan a hablar temprano y de "golpe", otros un poco más tarde y, también, hay unos que se rezagan considerablemente, inquietando al principio a sus padres con su silencio tenaz y asombrándolos, luego, con su excesiva locuacidad.

Ciertos retrasos pueden atribuirse a la herencia, debido a que hay familias donde los niños empiezan a hablar más tarde que en otras. Pero también hay casos, en gran medida, generados por el medio ambiente, en especial por el hogar, en el que los padres no suelen estimular adecuadamente la adquisición y el desarrollo del habla de sus niños. Es el caso, a veces, del hijo único, cuyos padres sólo hablan lo indispensable, quizás para decir a más: "¿Está preparado el desayuno?" y creen innecesario decirle algo a su niño antes de que éste pueda "comprender" y responder. 37

También se tiene como ejemplo el caso de los hijos de padres sordomudos, quienes por falta de conversación en el hogar empiezan a hablar mucho más tarde que los otros niños de su misma edad, aunque ellos mismos no sean ni sordos ni mudos.

En cambio, los niños que crecen rodeados y estimulados lingüísticamente por sus hermanos, o a quienes sus padres les han hablado aun antes de que puedan comprender el sentido de las palabras, aprenden fácilmente a hablar en comparación a los niños antes señalados.

De esa forma la familia cumple una función importante en la aparición y en el ritmo del desarrollo del lenguaje verbal del niño. Si éste se siente emocionalmente seguro y lingüísticamente estimulado, se desarrollará normal y óptimamente, superando las dificultades de las distintas etapas en el tiempo esperado; pero cuando la familia es conflictiva e indiferente con él, esto obstaculizará y retardará su evolución y, muchas veces, con consecuencias negativas para su comportamiento de ajuste posterior.

De acuerdo con estas consideraciones, en esta parte abordaremos el desarrollo normal del lenguaje verbal, cuyo proceso marcha correlativamente al desarrollo integral del niño.

5-6 años

¡El profe me tiene manía!

¿Qué hay detrás de la coletilla tan repetida por algunos niños de “Mi profe me tiene manía”?. Puede ser una forma de echar la culpa de sus errores a otro; un exceso de exigencia familiar o, simplemente, que esté diciendo la verdad. ¿Cómo tenemos que actuar?

A partir de los cinco años, los niños comienzan a posicionarse respecto a sus profesores en dos lados extremos: o su profesor es el no va más y su palabra es dogma de fe: « ¡Que no papá, que esto no es así! Mi profe dice que es...», o su maestro es el causante de todos sus males.

¿Y qué hay que hacer en estos casos? ¿Hasta dónde debemos creerles? ¿Tendrán razón en sus quejas? Hay que analizar las diferentes posibilidades y actuar en cada caso para evitar que esta situación se convierta en algo habitual.

El niño le está echando "cara dura"

¿Cómo reconocer el problema?

Es muy cómodo y fácil justificar lo que uno hace mal echando la culpa a otro. No hay más que oír la de explicaciones que pueden llegar a dar: «Que sí, mamá, que Tomás ha hecho lo mismo que yo y a él ni le ha regañado ni nada»; «Que de verdad que yo había estudiado pero me ha preguntado aposta lo más difícil para fastidiarme».

A estos típicos «excuseros» se les pilla fácilmente, ya que en casa suelen adoptar las mismas actitudes ante cualquier contrariedad: «Mamá, que yo no he roto el cristal con el balón, te lo ha dicho el portero para que me regañes porque me tiene manía».

¿Cómo resolverlo?

· Hay que ir desmontando con paciencia los argumentos del niño para que vaya haciéndose más responsable de sus acciones.

· Tendremos que entrenarle en la toma de decisiones para que aprenda que sus actos tienen consecuencias.

· Debemos potenciar en él valores como la honestidad y la responsabilidad.

Los padres somos demasiado exigentes

¿Cómo reconocer el problema?

Cuando el estilo educativo de la familia es muy rígido y no hay cabida para el error, los niños se refugian en excusas externas a ellos para explicar sus malas calificaciones o su mal comportamiento.

¿Cómo resolverlo?

Tendremos que bajar el listón. Somos nosotros, sus padres, quienes tenemos que aceptar el error como algo normal (e imprescindible) en el proceso de aprendizaje del niño y hacerle ver que le valoramos con sus capacidades y sus limitaciones.

El profesor no empatiza con el niño

¿Cómo reconocer el problema?

Los maestros son profesionales de la enseñanza, pero también son humanos. Del mismo modo que, como padres, queremos a todos los hijos por igual pero siempre hay alguno con el que nos sentimos más identificados, al maestro le puede suceder lo mismo.

Partiendo de que debe tratar con la misma profesionalidad a todos sus alumnos, siempre habrá algunos con los que tenga más afinidad y otros con los que posea menos química.

Pero como profesor de un grupo, no debe permitir que sus preferencias personales afloren en el aula. Si alguno de sus alumnos se siente menos agraciado con su simpatía puede sentirse mal, lo que influirá de forma negativa tanto en su rendimiento escolar como en su autoestima.

¿Cómo resolverlo?

· Si pensamos que nuestro hijo está siendo perjudicado por una falta de química con su profesor, lo primero que tendremos que hacer es mostrarnos comprensivos para que nos comunique lo que siente.

· Cuanto más cercanos nos perciba, más confiado estará para contarnos lo que le está haciendo daño.

· A continuación, será preciso pedir una tutoría con su profesor y exponerle nuestras preocupaciones. Es muy probable que en esta reunión surjan las vías de solución del problema, pero, si no es así, no dudemos en hablarlo con el orientador o con el director del centro.

5-6 años

Cómo combatir su aburrimiento

5-6 años: Cómo combatir su aburrimientoTienen un montón de juguetes y ofertas de ocio y, a pesar de eso, se aburren. ¿Cuál es el problema? ¿Cómo podemos combatir su apatía?

A partir de los cinco años los niños comienzan a entonar la irritante frase de “me aburro” y que repetirán durante muchos años si no ponemos remedio. El aburrimiento en sí mismo no es necesariamente malo, pues es el estado que precede a la acción. Todos, adultos y niños, lo padecemos y en muchos casos llegamos a disfrutarlo.

El problema llega cuando el «me aburro» se convierte en una frase que el niño repite todas las tardes, cuando su aburrimiento se prolonga horas y horas, cuando le proponemos actividades y pasa de ellas, cuando su apatía interfiere en nuestra vida...

¿Por qué se aburren?

Muchos factores influyen en el hecho de que los niños de estas edad sean presa fácil del ocio insatisfecho.

· El exceso. La abundancia, el poseer muchas cosas, hace que pierdan valor y, por ende, que no las aprecien. Si la necesidad agudiza el ingenio, la saturación lo adormece.

· La falta de tiempo para el ocio inactivo. La tendencia de hoy en día es colmar a nuestros hijos no solo de cosas, también de actividades: kárate después del cole, peli educativa, a casa a hacer los deberes, jugar un poquito, a la mesa a cenar... Pocos son los momentos en los que se tolera «no hacer nada» y, por eso, los niños crecen sin sentir ninguna falta, ningún hueco, ningún momento vacío que es precisamente donde se encuentra el origen de la creatividad, la iniciativa y la motivación auténticas.

· La presión de los padres. Si un niño está tumbado en su cama mirando al techo y pensando en sus cosas... ¿por qué no dejarle un rato ocupado en sus asuntos? Por desgracia, tendemos a animar al niño a «hacer algo», temiendo que acabe convirtiéndose en un vago. Pero nos olvidamos de que pensar es una acción en sí misma y de que cuanto más piensen, más capacidad tendrán de hacerlo.

· La exigencia. Son algo mayores y ya no se conforman con cualquier cosa (o por lo menos es lo que ellos creen), de modo que los juegos y las actividades que les apasionaban el año pasado, este les parecen un rollo. Se han pasado de moda, eso es suficiente para despreciarlas.

¿Cómo combatir su apatía?

Salir del aburrimiento también se aprende, igual que se aprende a esperar o a escuchar música.

Lo mejor es reconducir la situación para que el aburrimiento sea el motor de nuevas actividades. Pero ¡cuidado!, la frustración que genera la apatía puede dar lugar a ideas y actividades poco adecuadas, que no son otra cosa que la válvula de escape del hastío. La buena noticia es que notaremos en seguida cuándo se trata de actividades positivas (modelar con arcilla, decorar camisetas...) y cuándo pasan a la categoría de travesuras (tapar con plastilina todos los enchufes de la casa, por ejemplo). El secreto está en saber dirigirlos para que los frutos del aburrimiento sean buenos para todos.

· Incentivos familiares. Proponer al niño hacer algo juntos, inventar un juego conjuntamente, pensar con ellos y ayudarles a inventar su propio ocio. No se trata de hacer algo para que se entretengan y se estén calladitos, sino de divertirnos juntos.

· Completar la agenda. Un día sin nada que hacer es, de antemano, un día lleno de posibilidades. Dejemos que sea él quien proponga, un día del fin de semana, a qué quiere dedicar su jornada.

· Relaciones sociales. Los niños juntos no se aburren. A veces el aislamiento hace que, sencillamente, se agoten los recursos hasta del pequeño más despierto.

Tiempo y espacio. Y algunos materiales: acuarelas, instrumentos musicales... y mucho tiempo libre para que hagan y deshagan a su gusto. Si les dejamos suficiente tiempo y espacio para que surjan las ideas, se inventarán sus propios juegos.

Ideas para combatir el hastío

· Disfraces. Un baúl lleno de ropa vieja, sombreros, maquillaje, zapatos... es el mejor antídoto contra el aburrimiento.

· El tablón de las ideas. Fabricamos un panel con una cartulina y escribimos en él actividades interesantes: excursión al campo, montar en bici, hacer marionetas... Cuando el niño esté aburrido, debe escoger una de las opciones.

· Crear una historia. Confeccionamos unas 30 tarjetas con diferentes imágenes (personas, paisajes, objetos) extraídas de revistas, periódicos... Metemos las tarjetas en una bolsa y extraemos cinco al azar. Con las tarjetas hilamos una buena historia que luego representaremos.

· Magia. Les encantan los trucos. Por ejemplo, el del globo misterioso: se mete una botella vacía en la nevera durante una hora o más. Al sacarla, se coloca un globo desinflado en la boca de la botella; en poco tiempo y a temperatura ambiente, el globo empieza a hincharse solo.

· Cocinar. A todos les gustan las galletas. Juntamos en un bol 200 g de mantequilla fría, 400 g de harina, 150 g de azúcar, un huevo y un pellizco de sal. Se amasa con las manos, se deja reposar una hora, se extiende con el rodillo, se cortan las formas y se meten al horno a 200º durante 10-12 minutos.

BIBLIOGRAFÍA

  1. Jugar A Pensar Con Niños De 3 A 4 Años. Angélica Sátiro (Editorial Octaedro, S.L.).
  2. Niños Compositores (4 A 14 Años). GLOVER, JOANNA (EDITORIAL GRAO).
  3. P.e.i. - 4 (el Niño De 3-4 Años). María Isabel Zulueta Ruiz de la Prada (Editorial Cepe).
  4. Los Niños De 4 A 6 Años En La Escuela Infantil. Gilart, H. Saussois; Dutilleul, M.B. (Narcea Ediciones).
  5. Inventario De Detección Temprana (niños De 4 A 6 Años). Instrucciones Para La Administración Y Puntuación Del Inventario De Detección Temprana. Marta S. Wiske; Samuel J. Meisels (Editorial Antonio Machado Libros).
  6. Profesión: mamá, Una guía para ejercerla.de niño de rivera julia borbolla. Editorial: diana. México 2004.

PESO DEL CEREBRO DURANTE DIFERENTES EDADES DEL NIÑO

EDAD Peso del cerebro en gramos

· Niños de tres años 1200 gramos

· Niños de seis años 1250 gramos